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Se estima que entre 6 y 10 personas resultan afectadas por la muerte por suicidio de una persona muy allegada. Esto constituye un problema de salud pública, teniendo en cuenta que, según los últimos datos publicados por el INE en el año 2012, el número de suicidios en España ascendió a 3.539.

El suicidio de un ser querido es una experiencia vital devastadora. El proceso de duelo que se inicia tras este tipo de pérdida presenta unas características muy específicas que lo diferencian de otros tipos de duelo y lo convierten en uno de los procesos más difíciles de afrontar para el ser humano. A los sentimientos y emociones habituales en cualquier duelo, como son la tristeza, la añoranza, el vacío, la soledad o el dolor, se añaden otros sentimientos que complican la evolución del proceso. Las personas que han sufrido la pérdida de un ser querido por suicidio experimentan intensos sentimientos de culpa y responsabilidad por la muerte, con frecuentes autorreproches como “tenía que haberme dado cuenta de que estaba sufriendo tanto”, “¿cómo no pude evitarlo?”. En el caso de las personas que han perdido a un hijo por suicidio se experimenta un fuerte fracaso de rol. Las madres y los padres sienten que no han protegido a su hijo, que han fallado en su rol protector y que no han sabido educarle o quererle, y esto genera una gran angustia y culpabilidad.

Otro sentimiento muy frecuente en las personas en duelo por suicidio es la vergüenza, que tiene que ver con la mirada del otro: el superviviente puede sentirse juzgado por los demás, señalado como la persona que no pudo prevenir o evitar el suicidio de su ser querido.

Los supervivientes de un suicidio experimentan asimismo un sentimiento de abandono, sobre todo en el caso de la muerte de la pareja o de uno de los progenitores por suicidio, así como también en los hermanos/as. Este sentimiento suele ir asociado a la ira o enfado con el fallecido por haberles abandonado y haberles provocado ese inmenso sufrimiento.

La necesidad de revisar continuamente los días o semanas anteriores al hecho en busca de una explicación de lo sucedido, de una respuesta a la pregunta sobre el porqué, para intentar dar un sentido al suicidio de su ser querido, genera en muchos supervivientes un mecanismo de rumiación obsesiva, mucho más presente en el duelo por suicidio que en otros tipos de duelo.

Por otro lado, las personas que pierden a un ser querido por suicidio tienden a desarrollar más síntomas de estrés postraumático en comparación con las personas en duelo por muerte accidental, lo que implica que aquéllas sufren más episodios de reexperimentación, pensamientos intrusivos y pesadillas, con el impacto que esto conlleva en la vida de la persona.

El estigma social es quizás la característica más específica del duelo por suicidio y la que lo diferencia de otros tipos de duelo. Diversas investigaciones han demostrado que el estigma constituye un factor de complicación en el duelo tras un suicidio. Tanto el estigma social como el sentimiento de vergüenza llevan a algunos supervivientes a ocultar las circunstancias de la muerte de su ser querido, contando a las personas de su entorno que ha muerto en accidente o debido a una enfermedad repentina, lo que supone una carga emocional añadida.

Estas emociones y sentimientos en el duelo por suicidio se ven agravados por la percepción de falta de apoyo social. Está reconocido que el apoyo social es fundamental en la recuperación de los dolientes porque promueve una sensación de bienestar psicológico que favorece el desarrollo adaptativo del proceso de duelo. Disponer de una red de apoyo social y familiar ayuda a los supervivientes a sentir que no están solos en su dolor. La medida en que éstos son capaces de expresar libremente su culpabilidad y procesar la rabia, la vergüenza y todas las emociones que experimentan tendrá un impacto en su capacidad de encontrar un sentido a la muerte. Sin embargo, los estudios relacionados con el trauma sugieren que las personas en duelo por suicidio reciben menor cantidad de apoyo de la comunidad en comparación con los dolientes por otros tipos de muertes repentinas y traumáticas. Y se ha constatado en numerosos estudios que la percepción de falta de apoyo social es uno de los predictores del trastorno de estrés postraumático.

Asimismo, las personas afectadas por el suicidio de un ser querido tienden a aislarse para reducir o evitar el efecto negativo de la estigmatización que perciben por parte de las personas de su entorno. Muchos supervivientes expresan que se sienten incomprendidos y que los comentarios y, a veces, las miradas de las personas de su entorno generan un daño añadido, de ahí su tendencia al aislamiento.

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  • Grupos de apoyo a personas en duelo por suicidio.
  • Terapia individual.
  • Sesiones de teoría sobre duelo por suicidio.
  • Cine-fórum: documentales y películas relacionados con el suicidio.

 

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